Copenhague es una ciudad preciosa y relativamente pequeña. La mayoría de los lugares más importantes se encuentran bastante cerca, un plus para aquellas personas como a mí, que nos encanta andar y evitar coger transporte si viajamos. Todo ello me permite disfrutar más del entorno.
La gastronomía danesa ha sido influenciada por países como Francia e Italia y tiene bastantes similitudes con la noruega o finlandesa.
Lo que más me gusta de su cocina es lo concienciados que están con tener productos naturales y de calidad. Esto se plasma en el estilo de vida, las calles están llenas de bicis, hay baja contaminación y es una ciudad diría yo relajada.
Eso sí, hay que preparar la cartera, su nivel de vida es alto por lo que comer es CARO, a diferencia de Praga donde quedé asombrada con la relación precio/cantidad. Pero no os preocupéis, que se come bien sin gastar una fortuna, simplemente hay que saber elegir dónde y el qué.
Día 1: Torvehallerne/Aamanns Deli and Take Away.

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